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El arte de reenfocar


Muchos creyentes del primer siglo vivían exhaustos —no por falta de descanso, sino por la presión de sostener la fe en un mundo hostil. A ellos, y a nosotros, la carta a los Hebreos lanza una frase que lo cambia todo: "puestos los ojos en Jesús". En griego, ese verbo implica apartar activamente la mirada de algo para fijarla en otro. No es pasividad; es una decisión.

"Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe."
Hebreos 12:2

Jesús: pionero y meta
La imagen es la de una carrera. Jesús no observa desde las gradas; Él ya recorrió la pista completa, soportó el sufrimiento y llegó a la meta. Es el pionero que abrió el camino y quien nos aguarda al final para perfeccionarnos. Esa certeza convierte el agotamiento en esperanza.

"Jesucristo, el mismo ayer, y hoy, y por los siglos."
Hebreos 13:8

Deponer el peso
Nadie corre una maratón cargando cadenas. El peso que nos estorba no siempre es pecado evidente; a veces son distracciones que drenan el alma: comparaciones, ruido digital, miedo al futuro. Despojarse de ellos no es debilidad; es estrategia de carrera.

"Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera."
Hebreos 12:1

El gozo que sostiene
Jesús soportó la cruz porque tenía los ojos puestos en el gozo venidero: nuestra redención. Fijar la mirada en Él no es una frase bonita; es una disciplina que moldea el carácter. Lo que contemplamos termina dando forma a lo que somos.

"Por el gozo puesto delante de él, soportó la cruz."
Hebreos 12:2b

"Por tanto, no desmayéis al ser reprendidos por él."
Hebreos 12:5

Reorienta la mirada hoy. Aparta los ojos del ruido y vuelve a quien comenzó tu fe — y la completará.

¡Dios te bendiga!

Escrito por: Álvaro Martínez
Tu amigo y hermano en Cristo

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