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El deleite de hacer su voluntad


El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón.
Salmo 40:8

Estas son palabras que brotan del corazón de un hombre que comprendió de qué se tratan las normas de Dios, esas que a veces nos parecen innecesarias. Creo que no soy el único que en un principio ha reflexionado y ha creído erróneamente que Dios como que no tenía algo mejor que hacer que atormentar a los mortales con cargas pesadas.

Este hombre, al igual que muchos de nosotros, comprendió que todo se trata de amor, del amor de Dios por una humanidad débil y rebelde que no sabe lo que le conviene. Un amor eterno que jamás se rinde ni se rendirá.
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Por: Álvaro Martínez V.
Más escritos: minutocristiano.blogspot.com

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