No importa cuáles sean los problemas que estés afrontando, pero lo que si se es que Dios nunca ignora a quien le invoca con un corazón sincero y se encomienda a él. Cuando el salmista clamó a Dios, recibió la respuesta oportuna y lo describe de este modo:
Me diste asimismo el escudo de tu salvación;
Tu diestra me sustentó,
Y tu benignidad me ha engrandecido.
Ensanchaste mis pasos debajo de mí,
Y mis pies no han resbalado.
Salmo 18:35-36
Así como el salmista, tú y yo podemos recibir la reconfortante respuesta de Dios a nuestro clamor. Por eso hoy te invito a que no te quedes callado. ¡Clama!
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