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DIOS SABE CÓMO PROVEER

Disfruta el momento. No permitas que el peso del mañana te arrebate el regalo de este día. Tal vez enfrentas cuentas por pagar, necesidades en el hogar o incertidumbres económicas que superan tus fuerzas. Es verdad que debemos ser prudentes, pero hay un abismo entre la responsabilidad y la ansiedad que inmoviliza.

Piensa en Elías junto al arroyo de Querit. No tenía una despensa repleta ni un plan financiero; sin embargo, el Señor recurrió a unos cuervos para llevarle pan y carne cada mañana y cada tarde, tal como lo relata la Escritura: “Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. Y fueron y hicieron conforme a la palabra de Jehová; pues debieron beber del arroyo, y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde” (1 Reyes 17:4-6). La situación crítica de su siervo jamás tomó al Todopoderoso por sorpresa.

¿Cuántas veces nos hemos ahogado en angustias por problemas que el Creador terminó solucionando de formas insospechadas? Él sostuvo a su profeta, multiplicó el aceite de la viuda en Sarepta, guio a su pueblo con maná en el desierto y convirtió una pequeña porción de cinco panes y dos peces en un banquete para miles. ¿Por qué dudamos ahora, imaginando que nuestro problema actual sobrepasa su poder?

Quizá ignoramos los detalles del proceso: qué puerta se abrirá, qué recurso utilizará o de dónde surgirá la respuesta. Lo verdaderamente importante no es el método, sino conocer al Padre que tenemos. Por eso, el llamado de hoy es a vivir con gratitud, cumplir con fidelidad lo que nos corresponde y entregarle el control absoluto de lo que no podemos resolver.

El Maestro nos dejó una directriz muy clara para calmar el corazón: “No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:34).

Tómate el tiempo de saborear tu café, abraza fuerte a los tuyos, bendice el pan que tienes en la mesa y habita este presente. El mañana traerá sus propios retos, pero ten la certeza de que, cuando llegues a él, Dios ya estará esperándote allí. El mismo Dios que hizo milagros en el pasado no ha cambiado; su fidelidad permanece intacta hoy y por la eternidad.

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