De hecho, Dios no es muy distinto a Jesucristo, pues gracias a los cuatro evangelios, sabemos que el Señor es la viva representación de Jehová Dios, el de los israelitas. Todo el caos que Dios permitió en la antigüedad no es más que la consecuencia de las malas acciones de la gente. Desde aquel entonces Dios mismo anunció que no es rencoroso, sino que dijo:
Pero si el malvado se arrepiente de todos los pecados que ha cometido, obedece todos mis estatutos y practica el derecho y la justicia, no morirá.
Ezequiel 18:21 NVI

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