Si alguno destruye el templo de Dios, él mismo será destruido por Dios; porque el templo de Dios es sagrado y ustedes son ese templo.
1 Corintios 3:17 NVI
A veces podemos cometer el error de creer que nuestros cuerpos son nuestros y que no tendremos que rendirle cuentas a nadie por el uso y el abuso que le demos. Pues aunque la gente del mundo vive como quiere y se mata a su manera, nosotros los cristianos no solo somos hijos de Dios sino templos de su Espíritu.
A nosotros se nos ha encomendado la sagrada misión de representar a Dios en la tierra y a que evitemos en lo posible todas esas prácticas que son tan comunes hoy en día y al mismo tiempo tan perjudiciales para nosotros mismos.
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