¿Alguna vez has sentido la presión de tener que "dar frutos" para demostrar que eres alguien espiritual? Muchos hemos crecido con la idea de que el fruto son números, logros o cuánta gente nos sigue. Pero la realidad bíblica es mucho más profunda y, honestamente, mucho más liberadora.
Cuando Jesús hablaba de árboles y raíces, no estaba en un salón de clases; estaba en un monte, hablando con gente que trabajaba la tierra.¹ Por eso, para entender sus palabras, hay que entender la naturaleza. El fruto nunca es algo que se fabrica o se fuerza; el fruto es simplemente algo que brota. Es la consecuencia natural de estar conectado a una fuente de vida.²
Esto cambia por completo nuestra perspectiva. Si hoy sientes que no tienes resultados visibles, no significa que estés muerto. El Salmo 1 nos recuerda que el árbol da fruto "en su tiempo".³ Hay estaciones de poda, donde parece que nos quitan cosas, y estaciones de invierno, donde todo sucede bajo tierra, en las raíces.⁴ Si aún no ves fruto, es porque Dios está trabajando en lo profundo, donde nadie aplaude, pero donde todo se transforma.
Ahora bien, ¿cómo sabemos si realmente estamos creciendo? El fruto real no se nota en los momentos de paz, sino bajo presión. Es cuando te exprimen —con un problema, una ofensa o una espera larga— que se revela de qué estás lleno. Ahí es donde aparece el amor, la paciencia o el dominio propio.⁵ El fruto no es un trofeo para exhibir; es el carácter que sale de ti cuando la vida se pone difícil.
Por eso, déjame darte un consejo práctico, uno muy importante: deja de obsesionarte con el fruto y empieza a cuidar la raíz. No intentes ser "bueno" por pura fuerza de voluntad; eso solo te va a agotar. En lugar de eso, asegúrate de que tu mente esté conectada a la fuente correcta, es decir, a Dios. Medita en lo que es verdadero, ajusta tus decisiones diarias a Su Palabra⁶ y deja que esa vida interna que Dios ha puesto en ti haga el trabajo.⁷
Si Jesús es tu raíz, no tienes que anunciar tu fruto. El fruto aparecerá solo, en su momento exacto, no para darte gloria a ti, sino a Dios, y así alimentar y bendecir a todos los que te rodean.⁸
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Notas al pie
¹ Mateo 5–7; Mateo 7:15-20
² Juan 15:5
³ Salmos 1:3a, RVR1960). El texto hebreo usa la expresión beʿittô (בְּעִתּוֹ), que literalmente significa "en su tiempo señalado", subrayando que hay un momento designado que no depende del árbol sino del Sembrador.
⁴ Juan 15:2b, RVR1960
⁵ Gálatas 5:22-23a Nótese que Pablo usa el singular fruto (καρπός, karpós), sugiriendo una unidad orgánica, no una lista de logros separados.
⁶ Salmos 1:1a, 2, RVR1960
⁷ Esta idea resuena con la distinción que hace Dallas Willard entre "disciplina para" y "disciplina directa": las prácticas espirituales no producen el fruto por sí mismas, sino que nos colocan en la posición correcta para que Dios obre en nosotros. Cf. Dallas Willard, El espíritu de las disciplinas (San Francisco: Harper & Row, 1988).
⁸ Juan 15:8, RVR1960
¡Dios te bendiga!
Escrito por: Álvaro Martínez
Tu amigo y hermano en Cristo
Escrito por: Álvaro Martínez
Tu amigo y hermano en Cristo
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