Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.Ezequiel 36:26
Aunque parezca lo contrario, el ser humano no es dado a buscar de Dios, de hecho, por naturaleza tendemos a la autosuficiencia, solemos ser obstinados y prueba de ello es que aún cuando somos jóvenes tendemos a nadar contra la corriente.
Por eso, para que lleguemos al punto de ser sensibles a la voz de Dios, es necesario que él intervenga. De ahí que antes de hablarle de Dios a alguien, se vuelve no solo necesario, sino indispensable, que oremos antes por esa persona, que le pidamos a Dios que abra su corazón y ponga en ella disposición de recibir lo que tenemos que decirle.
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