¿Sabías que Mefiboset no se estaba escondiendo en un pueblo cualquiera... sino en lo que podríamos llamar la cárcel del silencio? Esta es la historia de una de las restauraciones más conmovedoras de la Biblia, pero para entenderla, tenemos que descifrar... el Código Lo-debar.
El rey David ya gobernaba todo Israel. Un día, decide buscar a algún sobreviviente de la familia de su amigo Jonatán para bendecirlo (2 Samuel 9:1). Y encuentra a su hijo: Mefiboset. Él vive escondido en Lo-debar, es lisiado de ambos pies (2 Samuel 9:3-5)... y cuando le avisan que los soldados del rey lo buscan, se desata su peor pesadilla.
En esa época, un nuevo rey eliminaba a toda la descendencia del rey anterior para evitar rebeliones. Mefiboset, al ser nieto del rey Saúl (2 Samuel 9:6), sabía que su sangre era una sentencia de muerte.
Por eso huyó a Lo-debar (2 Samuel 9:4). En hebreo, "Lo" significa NO, y "Debar" significa PALABRA o comunicación. Literalmente, se escondió en "la tierra sin palabra", el lugar del silencio absoluto.
Un príncipe que nació para vivir en un palacio, terminó tragándose su voz, renunciando a su identidad y con la cabeza baja, esperando que nadie, nunca... pronunciara su nombre. Al llegar frente a David, aterrado, se define a sí mismo como un "perro muerto" (2 Samuel 9:8).
Pero David no lo buscaba por la regla de la monarquía, sino por amor y por pacto (2 Samuel 9:1; 1 Samuel 20:14-17). Le dijo: "No tengas miedo... comerás siempre a mi mesa" (2 Samuel 9:7).
Y aquí está la belleza de Dios: Mefiboset seguía lisiado (2 Samuel 9:13). Pero al sentarse a la mesa del rey, el mantel largo de la realeza cubrió sus piernas rotas. De la cintura para arriba, cenando con los hijos del rey (2 Samuel 9:11), nadie notaba su defecto. A los ojos de todos, volvía a ser un príncipe.
Tal vez hoy te sientes como él. Un golpe del pasado, un trauma o un error te dejó "lisiado" emocionalmente y te autoexiliaste en tu propio Lo-debar. Te callaste, dejaste de soñar y crees que no eres digno.
¡Dios te bendiga!
Escrito por: Álvaro Martínez
Tu amigo y hermano en Cristo
Escrito por: Álvaro Martínez
Tu amigo y hermano en Cristo
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