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A su ritmo y a su manera, no a la nuestra


¡Cuánto te amo, Señor, fuerza mía! El Señor es mi roca, mi amparo, mi libertador; s mi Dios, la roca en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite!
Salmo 18:1-2 

El rey David, al pensar en todas las veces que Dios lo había ayudado, protegido e incluso rescatado, no podía menos que llenarse de alegría. Hace poco escuché a alguien decepcionado decir que Dios nunca lo había escuchado ni lo había ayudado cuando lo necesitaba, solo porque las cosas no sucedieron exactamente como él quería, olvidando todas aquellas veces que estuvo en serios apuros y al final no pasaron a mayores. 

Nosotros los seres humanos, estamos acostumbrados a que las cosas se hagan a nuestra manera, pero Dios no corre por nadie, él va a su ritmo, sabe lo que hace y aunque aparece cuando quiere, porque nos ama nos bendice y nos protege. Cuando prestamos atención, podemos ver cómo "mueve sus fichas" para bendecirnos. Ahora yo te pregunto ¿Tienes algo por lo cual agradecerle a Dios? Te dejo esta pregunta para que pienses en ella.

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