La humildad no es pobreza, es reconocer nuestro lugar y hacer lo que debemos hacer. Jesús entendió esto mucho antes que cualquiera de nosotros cuando a pesar de gozar de un lugar como el de Dios en el cielo, lo dejó todo con tal de hacer la voluntad del Padre.
Del mismo modo, nosotros que fuimos llamados a seguir el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, debemos estar dispuestos a hacer lo que sea necesario con tal de agradar a Dios con nuestra sincera obediencia, sin importar las consecuencias, sabiendo que poderoso es Dios para librarnos de todo mal.
El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.Filipenses 2:6-8

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