De Dios sabemos que es fiel aunque pasen cientos y hasta miles de años, él cumple lo que promete porque es eterno, sabemos que él no cambia y que tampoco se le olvida nada. Del corazón humano sabemos que es engañoso y traicionero, que a veces por muy buenas intenciones que tengamos, se nos olvidan las cosas o cambiamos de opinión, sin contar que a veces los imprevistos hacen que las cosas se nos salgan de las manos. Entonces ¿Quién es más confiable?
Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en el hombre.Salmo 118:8

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